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lunes, 23 de abril de 2018

El día en que Gabrielito me llamó al orden: Del tiempo de ver al tiempo de comprender





Ya han pasado 6 años de lo que fue la travesía del Atlántico y de tanto en tanto me asaltan a la memoria recuerdos que, como estrellas fugaces o cometas, no alcanzas a compartir con tu interlocutor, pues ya han desaparecido. El tiempo de ver en estos tiempos, es difícil ponerlo en continuidad con un tiempo de comprender lo que significa para cada uno respirar. La experiencia de vivir pasa por el filtro de lo digital, donde la virtualidad, on-line, hacen de tu Nick tu sello particular, el emoticono comprender lo que necesitas saber y  las redes sociales un paredón sin ley donde escribimos la realidad y al cabo de una hora ya es basura digital.

 Quizás en la historia de la humanidad nunca antes se había escrito tanto como en esta época y la escritura fuese el medio de hacer vínculo social pero, a diferencia de lo que sería la escritura en los viejos tiempos analógicos, se escribía para que perdurará en el tiempo y se hacía vínculo social fundamentalmente con la palabra. Probablemente el valor de lo escrito en los "antiguos" consistía entre otras, en transmitir el saber. Es el valor de los textos clásicos en dos volúmenes. En estos tiempos el saber ya no es tan seguro que venga de lo escrito, pues google no lo sabe todo, y en muchas cosas lo difícil es saber si lo que sabe, lo sabe bien o hay que seguir navegando. El papel y la tinta resisten, como velero a temporal, al  teclado, a la pantalla y a una buena conexión a internet.

El momento de ver, recuerdo, fue a unas mil millas de cabo verde, ya llevábamos navegados el ecuador del Atlántico y nos habíamos amarinado a la rutina de las guardias, el alisio nos empujaba a buen ritmo en dirección a Martinica, después de una primera semana realmente dura. Gabriel dormía y yo estaba de guardia repasando visualmente la jarcia y sus arraigos, las velas. La rueda del timón apenas sentía mis manos, síntoma de que íbamos bien trimados y el barco estaba equilibrado. Teníamos la vela mayor con un riso y el Génova a tres cuartos, pues a las noches solía subir el viento y preferíamos no dejarlo todo abierto, evitando así que guiñadas involuntarias nos pusiera el barco de proa al viento y al mar con mucho trapo izado. Con un riso y el Génova a tres cuartos el barco era muy gobernable y no bajábamos de 5 nudos. Una guardia maravillosa, poco calor en la bañera y una brisa marina que hacía que la "Nao Cacao" superara las olas como una gran marinera.

No contento con estas buenas condiciones de navegabilidad quise abrir todo el Génova, con la idea de que iríamos mejor, pero el enrollador no me respondía y todo indicaba que se había enredado en la proa. No era urgente, pero había que desenrollarlo, pues el Génova siempre tiene que abrir y cerrar perfectamente. Pensé en despertar a Gabriel para hacer la maniobra, pero dormía placida y profundamente. Me dije a mi mismo: "Nada, hay buenas condiciones de mar, es cuestión de ir a la proa, desenredo el cabo y continuamos." Quise ponerme el arnés, pero las condiciones eran tan buenas y agradables que no lo vi necesario (el arnés siempre es necesario). Me acerqué muy despacio a la proa sujetándome fuerte del pasamanos de la cabina. Cuando llegue a la proa y vi el mar tan cerca del botalón de proa que casi lo tocaba con las manos, pensé: "Mejor haber venido con el arnés puesto..."  Al cabo de un silencio interior acompañado de un suspiro pensé que lo mejor era no pensar en nada que no fuera desenredar el cabo del enrollador en ese día precioso e idílico para navegar en la mitad del Atlántico. El cabo lo desenredé relativamente rápido y me agarré con mucha fuerza al balcón de proa: respiré hondo y a cuatro patas y de manera decidida llegué al pasamanos del casco. Sin vacilar regresé a la bañera. Lo primero que hice fue coger entre mis manos el arnés y abrirlo y cerrarlo un par de veces, después me tomé un trago de café y me escuché silbando una de las canciones de Gabriel.

Cuando Gabriel despertó le comenté que el enrollador de Génova se había enredado en la proa, pero que ya estaba arreglado. Me miró a los ojos y me dijo: "Que sea la última vez..!"


sábado, 27 de julio de 2013

Charla Consulado Colombiano



Charla Consulado Colombiano



Travesía oceánica: De Premia a Santa Marta

Atravesar el Atlántico vela, puede ser algo mas o menos habitual para muchos navegantes europeos, que conservan una cultura náutica avalada por siglos de desarrollo náutico a nivel profesional y deportivos.
La ruta de los Alisios  cada año es navegada por muchos navegantes europeos que atraviesan el océano, buscando  el calor del Caribe…
Para dos colombianos y un argentino ajenos  culturalmente a un entorno náutico, atravesar el Atlántico, esta lejos de ser una experiencia habitual, para ser más una experiencia  del orden de los sueños y de lo fantástico. Y lo es de este orden, entre otras, por estas tres  razones que me gustaría subrayar:
- Un velero de  madera autoconstrucción de 9 metros de eslora, construido por Joan Massague y bautizado con el nombre de “Gaspar de Pórtala que Joan construyo con el fin de poder hacer la travesía, Barcelona- Menorca.
- Una equipación para navegación oceánica bastante justa y acorde a nuestras posibilidades económicas y de la  de nuestros amigos.
- Una experiencia vital de cada uno de los tres que estuvimos en esta aventura, más cercana al “rebusque”, donde aprendes a maniobrar y a moverte entra las aguas a veces turbias de la inmigración y el punto de Extimidad y exterioridad que te da la condición de extranjero, para hacerte un lugar con el oficio que sabes, en un país que no es el tuyo. En nuestro caso un cineasta,  que ha regresado a Colombia,  (Ricardo),un cantautor Argentino que ahora vive en Berlín (Gabriel), y un  psicólogo/educador que me siento muy a gusto  viviendo en Catalunya.
No hay antecedentes de un “equipo” colombiano, que hubiese realizado esta travesía de manera amateur y no la hay fundamentalmente por que en Colombia no hay una tradición náutica amateur en ninguno de nuestros dos mares: el Atlántico y el pacífico y lo poco que hay de este orden, esta más asociado a determinadas élites y estatus sociales donde de náutica hay muy poco y sobra la vanidad.
Metáfora de ventanas meteorológicas en el mediterráneo
A día de hoy esta travesía ha sido la experiencia más dura y maravillosa que he vivido…Ha sido una experiencia del orden de los “Los encuentros”, de aquello que para cada uno marca un antes y un después….Ha sido la confirmación que la mejor manera de estar orientado en el mundo es vivir bajo la batuta del propio deseo, aunque la “insensatez” de  esta travesía supusiera riesgos y enfrentar aquello que para Ricardo, para Gabriel y para mí era  desconocido: El océano.

 El riesgo de no regresar estuvo presente, nos acompaño toda la travesía de manera silenciosa, pero fuimos capaces, los tres, de convivir estos 75 días con esta posibilidad… Respondimos desde el entusiasmo y con un empuje de tirar para adelante con este nuestro sueño, pues no navegábamos para quedarnos en la inmensidad maravillosa del océano buscando el “OM. No,  creo que a ninguno de los tres nos interesa el “OM”, somos unos neuróticos más o menos estabilizados y  navegábamos para llegar a tierra  y retomar el vinculo social  que nos neurotiza y del que tanto gozamos. Ninguna milla navegada fue gratis, navegamos una a una de las más de las 5500, siempre acompañados por nuestros propios demonios y con la incertidumbre de cuando y cómo llegaríamos… En una travesía oceánica  una ves puestos no hay marcha atrás, no hay arrepentimientos,  no hay me “rindo” o  un “no puedo más”…

Amigos franceses
Esta travesía saco de nosotros tres todo lo que podíamos dar. No fue fácil  soltar las amarras del puerto y nosotros  lo pudimos hacer. La travesía implicaba un punto de no retorno, donde lo único que te queda es tirar para adelante, navegar milla a milla con miedo,  con alegría, con angustia, desasosiego, pereza, asombro, un bumerang de emociones que cambiaba de un  instante a otro de forma mágica como los decorados  en una obra de teatro. Apuntábamos  al sol en los atardeceres y en las noches el cinturón de Orión hacia una elipse por babor de popa aproa.
 La maravilla de navegar es que no te detienes, son las 24 horas haciendo guardias, mirando el horizonte, trimando un poco las velas y navegando, avanzando contigo mismo y haciendo de esta experiencia casi un viaje introspectivo, donde tienes tiempo para pensar y repasar toda tu vida. “La Nao Cacao” fue una velera valiente y marinera que aguanto los envites del mar y la fuerza del viento.
Dimos en esta travesía más de lo que sabíamos y podíamos, arriesgando incluso la salud de Ricardito  que en el tramo más técnico, Premia – Canarias, estuvo al 120%, llevando su cuerpo al limite y aguantando aún más cuando”desesperado”  pedía con lagrimas en los ojos que él aguantaba hasta Cabo verde…! Su cuerpo decía que no podía más, pero las ganas de continuar estaban intactas.  Lo más sensato fue su desembarco, quizás la insensatez fue continuar. Su desembarco nos dolió a los tres y a la posibilidad de una tragedia  se le sumo las ganas de no continuar, de abandonar el sueño…

Tras su desembarco estuvimos navegando con Gabriel más de 48 horas pensando si valía o no la pena continuar. Empujados por una brisita del oeste y una mar plana que no nos llevaba a ningún lado… Yo me había preparado para todo: Navegación, convivencia, maniobras, exámenes médicos,  físicamente exigí mí cuerpo con la bicicleta forzándolo a dar más, leía y releí manuales de supervivencia, navegación en mal tiempo y meteorología, hablaba con navegantes...Pero no estaba preparado para el desembarco de un amigo…No sólo era el hecho de que se desembarcara, era como una metáfora de “perder un amigo” con quien asombrados le habíamos visto las ganas a la muerte, que nos espanto con  un fuerza 7, es decir, vientos de más de 25 nudos y olas de 3/4 metros en el tramo de la península a canarias
Gabriel y su  capacidad soñadora, que se traduce en canciones, fue el que volvió a encender la mecha del deseo para cruzar el océano…Sus palabras más o menos fueron: Maocito, vamos a cruzar el océano…Es ahora, yo después no se si pueda acompañarte…!”  Y efectivamente sus palabras encendieron la mecha del deseo, el mismo que estuvo desde el principio,  aquel que nombramos con Ricardo cuando hablamos de este proyecto por primera vez  hace 8 años, el mismo que me acompaña desde mi infancia y desembocaba en el puerto, cada que salía a pasear en  la bicicleta,  entreteniéndome horas mirando veleros. Un proyecto llevado a cabo no por tres navegantes, un proyecto llevado a cabo por tres amigos, los cuales pienso hemos ganado con modestia, pero con orgullo el titulo de “ciudadanos del océano”.
Ricardito me decía: “Mao, yo contigo hasta el fin del mundo” y a Gabriel cuando le propusimos lo del Atlántico rio y dijo que aceptaba, si después recorríamos los Andes a lomo de burro…”
Gabriel durante la travesía se creció, dejo de ser un poeta, soñador y cantautor y se convirtió en un gran navegante. Emulo a Zorba el griego y de ser el amigo menos dotado, en términos náuticos para la travesía, su aporte resulto decisivo para llegar al final.  Yo le decía en broma que zarpo de  Premia hecho el Chapulín Colorado y que había llegado a Santa Marta hecho Bernard Montessier, navegante francés paradigma de la navegación libre, oceánica y de crucero.
Atrás quedo el mediterráneo impredecible con su mar de Alboran, el paso técnico y peligroso de la península a Canarias, el mar de los sargazos en el Atlántico donde bajamos hasta la latitud 20 para estar bajo influencia de los alisios, el Atlántico y su inmensidad, con  su bosque de olas portantes de las cuales vuelan manadas de peces voladores. También quedo  atrás el Caribe, mar de piratas y corsarios, donde se han tejido mil historias que han alimentado el universo infantil de tantos niños.
Santa Marta
Navegamos los tres como uno solo y no le pedimos permiso a nadie, no teníamos seguro, ni barco habilitado por las autoridades competentes, ni las  titulaciones necesarias, ni las garantías de un tercero que nos avalara en el éxito a cambio de una suma de dinero, un experto.  Había quien pensaba que si llegábamos a Gibraltat ya era demasiado. Pero teníamos un barco construido por un “hombre del renacimiento”, también soñador como nosotros, un equipo de tierra, que navego desde los ordenadores de sus casas dándonos los partes meteorológicos sagradamente cada 24 horas (LORDAKE,ANTULL, JORDI VILLAR Y mí hermano JAVIER y que en ningún momento nos dejo solos  durante la travesía. Teníamos el apoyo de algunos navegantes oceánicos que tampoco han pedido permiso a nadie para realizar sus sueños, Como Humberto el Holandés Errante y José Briones del Turbulento. También tuvimos el apoyo de un grupo de artistas y amigos que nos dieron soporte y alimentaron el sueño desde el principio, haciendo un paréntesis en sus actividades artísticas y volcándose cada uno de ellos y ellas en este proyecto oceánico desde sus posibilidades y recursos que no siempre se traduce en dinero: Indyon.tv (productora de cine independiente), factoría circular,( fabrica de sueños rodantes)Palo quesea, (teatro de calle) Mujeres en escena, ( teatro social y de genero) y la Sasteatrería ( artistas plásticos y de la palabra).

Familia...!
Pero sobre todo nos teníamos a nosotros mismos con nuestros miedos y nuestras fortalezas, decididos a  adentrarnos en el océano y llegar a la otra orilla. Teníamos y tenemos muchos amigos  soñadores, creadores, navegantes  de largo recorrido en sus oficios de quien habíamos mamado amistad, que durante años nos ha servido de alimento para dar pie a la posibilidad de soñar, y cuando estamos despiertos maravillarnos del hecho de estar vivos.

Dar las gracia al Club náutico de Premia de Mar y a Toni Gallard, por darnos la oportunidad de hacer escuela en el grupo promoción de regatas, donde casi siempre llegábamos   los últimos, pero sus ánimos consejos y sugerencias, para que no desistiéramos en  participar siempre estuvieron ahí….
Una mención especial a Jordi Villar, de diasdeviento.org, que desde el principio ha sido más que un oráculo para mí en cuestiones náuticas…Fue la persona que me facilito poder gobernar sólo y como patrón un velero: un Tucana 28, con el que realicé mis primeras travesías  costeras. Con Jordi hablé muchas veces de cruzar el Atlántico y él desde su escucha y sus observaciones supo alimentar este sueño.
Paola y vicecónsul
Creo que si algo mantiene la náutica en esta época donde los saberes son tan especializados y pertenecen a universidades e instituciones, es el valor de  la iniciación y la referencia de un patrón experimentado que te introduce en los por menores de la navegación, una especie de mentor que te abre la vía de un camino que después tu  tienes que recorrer sólo. Un saber que se transmite no desde la académia o programas curriculares, sino desde la cercanía de uno que quiere enseñar y otro que quiere aprender.  Esto ha sido Jordi para mí..!
Equipo de tierra
 Agradecimiento también al consulado de Colombia por permitir visibilizar esta experiencia que ojala sirva de algo para que otros como nosotros se animen hacer este tipo de travesía e impulsar la náutica en Colombia.
 
Consulado Colombiano
Esta ha sido una travesía de soñadores, por eso también es vuestra travesía, es un regalo, por lo menos de mí parte, a vosotros y vosotras que sois mis amigos y amigas…Buena singladura en vuestras travesías, yo encantado de ser vuestro tripulante

lunes, 4 de junio de 2012

Los naufragios subjetivos



El naufragio para un marino es la antesala de la muerte, ella  antes de invitarte a pasar a cenar, te hace esperar en su sala de espera  y la sala de espera para un marino es quedar al pairo y a merced de las fuerzas del viento y del mar, sometido al arrullo fúnebre del vaivén de la balsa salvavidas o del barco sin gobierno herido de muerte... Curiosa  similitud: allí donde "no hay gobierno" reina el caos..

He leído que lo máximo que han aguantado unos náufragos, fueron algo más de 10 meses. Se trataba de unos pescadores mexicanos, que a causa de un temporal se perdieron y fueron rescatados cerca de la costa Australiana...estuvieron en la" antesala" mucho tiempo, soportando todo tipo de inclemencias y dificultades del pacifico. Pero el azar impidió que se los tragara el mar, y la muerte en este caso se quedo sin cenar, ya que salvamento marítimo los recogió respirando el último hilo de vida que les quedaba... A la muerte no le hizo mucha gracia...!

Las probabilidades de sobrevivir a un naufragio son azarosas,  pues entran en juego variables que ya no dependen de ti mismo: Que lleves y funcione la radio baliza, que te encuentren en medio de toneladas y toneladas de agua, que raciones el agua y los alimentos, que soportes, resista y que tengan ganas, muchas ganas de continuar vivo...

No sé sí el "instinto de supervivencia" en sí mismo sea suficiente para mantenerte despierto, quizás hace falta tener un motivo para continuar viviendo. Por otro lado en el ser humano "los instintos", el lenguaje los convierte en demandas dirigidas al Otro, es la humanización...! El  motivo para continuar vivo, creo, tiene que ver con un deseo inédito o muy localizado de continuar gozando de un Otro: El deseo vinculado al Otro.

Supongo que escapar de la "sala de espera de la muerte" en algo te debe cambiar la vida. Si eres un canalla, te reafirmaras en la omnipotencia de que ni siquiera la muerte pudo contigo, y si eres un neurótico, este episodio marcara probablemente un antes y un después, que servirá de punto de partida de una forma de estar en el mundo diferente. Si estas loco, abra que esperar  como se inscribe este episodio en las construcciones simbólicas delirantes...
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El naufragio para un marino debe suponer algo así como estar "desconectado" de la vida sin estar muerto, donde tendrás algo de tiempo, una vez pasado el susto inicial, de recapitular tu vida, pensar en lo que dejas y  resignarte a esperar la hora....A que la muerte tenga hambre!

El naufragio de un marino me ha hecho reflexionar sobre el naufragio subjetivo. No existe en terminología clínica "naufragio subjetivo", existe brote, síntoma, crisis, cuadro y todos estos términos aluden a lo que no va en un sujeto y mediante la  terapéutica ha de volver a su cause. En las ciencias sociales lo que no va, lo que no se inscribe, se le llama  el resto social y se nos presenta como lo marginal, lo que queda al margen, lo que no hace lazo social y pone en alerta los servicios sociales.

Lo que no va, lo que no se inscribe, lo que queda al margen, lo que hace síntoma y lo formalizamos en un cuadro, es estructural al ser humano. No todo el goce pasa por lo simbólico de un sujeto, ni un sujeto pone todo su goce al servicio del vinculo social en aras de los ideales sociales imperantes. Los seres humanos nos reservamos "algo" que no ponemos al servicio del vinculo social y que en las sociedades modernas lo nombramos como lo marginal. Es caso de los seres humanos llamados desechables en Colombia, ó las anorexias que "comen NADA" bajo la mirada angustiosa de una sociedad de consumo, ó las toxicomanías que se lo "consumen todo" así les cueste romper el lazo social y quedar  más cerca de lo marginal.

 En "naufragio subjetivo" , el sujeto se divorcia del lazo social, quedando a merced de una cierta desorientación, como efecto de una irrupción de goce que no se inscribe en lo simbólico y  se manifiesta a través del síntoma clínico o social.  El salvamento marítimo de este tipo de naufragio son varios y de diferentes tipos: La psiquiatría con la psicofarmacología, los servicios sociales con la asistencia social, la educación con su esfuerzo en "domesticar" eso que no va, las clínicas de la palabra para cernir con estas eso que no se inscribe, incluso los chamanes tienen algo que aportar con los ritos que cumplen su función social.

 


Los sujetos que "naufragan subjetivamente" tienen muy difícil su regreso: Algunos regresan  a medias y son objeto de redes sanitarias y sociales que los sostienen para evitar que  recaigan y regresen a ese pozo que no se ilumina con el vinculo social. Otros nunca vuelven y viven en un estado de errancia, al pairo, sin posibilidad de rescate subjetivo. "Muertos en vida" hasta que el cuerpo aguante". Algunos regresan "trincando" (amarrados)  su síntoma al vinculo social y esto supone una apuesta subjetiva diferente. Estos últimos son los pocos, pero como en el caso de los náufragos marinos, siempre tienen mucho que contar de esta casi fatídica experiencia vital.

Yo conozco muy de cerca  una historia de dos hermanos que naufragaron en las drogas, regreso sólo uno, al otro se lo ceno la muerte. El hermano que quedo vivo le vio más que los dientes a la muerte, le vio las ganas...! Es un sobreviviente de esas profundidades humanas. A veces osa y regresa a explorar esas aguas profundidades que muchos de los mortales desconocemos, pero el ya sabe el camino de regreso. Sólo baja cuando la muerte duerme...! Los que lo queremos nos preocupamos cada ves menos, el tiene motivos de peso para regresar.

La valentía de ese hermano por querer regresar al vinculo social, es lo que me da impulso para querer adentrarme a la mitad del océano, sin miedo a ser devorado por el mar y con un motivo para regresar en caso de un naufragio marino....

sábado, 18 de febrero de 2012

Una travesía al Más allá

  Para www.diasdeviento.com







  Una travesía al más allá....

 El mundo para los Europeos antes del descubriemto de América terminaba en Gibraltar. Más allá de la navegación costera, probablemente  para los antiguos suponía adentrarse  en lo que para el hombre contemporáneo son los agujeros negros del espacio. El océano estaba lleno de  peligros.

El renacimiento permitió al ser humano tomar distancia de XV siglos de escolástica y bajo  la batuta de la razón  floreció el deseo de "ir más allá", y esa conquista del más allá suponía estrechar aún más la relación que el hombre mediterráneo tenía con la embarcaciones. Adentrarse en el Atlántico, supuso pasar de la ola corta del mediterráneo a la ola larga y tendida del Atlántico,  de los vientos racheados mediterráneos que soplan por todas partes, dependiendo de la estación meteorológica del año, a los vientos estables de los alisios que soplan todo el año, de una tramontana o un mistral fuerte, a los huracanes del Caribe, del mediterráneo como un espejo como efecto de un anticiclón al anticiclón de las azores...Las embarcaciones dejaron de ser sólo una herramienta de transporte a ser  "la garantía" para poder regresar al viejo continente.
El Atlántico ha sido el vinculo histórico entre el denominado nuevo mundo, las mal llamadas indias en la época de Colón, y Europa.  El descubrimiento de América dio origen a lo que conocemos hoy en día como la globalización, y con ella   las consecuencias históricas de los últimos 500 años, que no son pocas, pero no objeto de este blog.

 El conocimiento de ese "más allá" perfecciono las técnicas de navegación y las embarcaciones a vela tuvieron que estar a la altura de las nuevas singlaturas, pero estas embarcaciones al cabo de cinco siglos ya no fueron idóneas para responder  a las necesidades mercantiles del siglo XVIII   y principios del XIX. La maquina de vapor le dio el relevo y el encanto de la vela practicamente desaparcio  en el siglo XX, o fue asociado  y estuvo sólo al alcance de minorías, regatistas de élite o aventureros amantes del mar, algunos de ellos más cercanos a nuestra época, como:  Vito Dumas, Julio Villar, Barnard Moitessier y al único que conozco personalmente y también incluyo en esta categoría: Humberto: El holandés Errante"

Cruzar el Atlántico en un velero es uno de los sueños de muchos navegantes de recreo de la actualidad y más allá de las motivaciones personales que pueden  empujarnos a  realizar esta travesía, quizás esta en el fondo  la misma misma motivación que tuvieron los antiguos: Adentrarnos en el "más  allá". respondiendo a ese deseo intrinsico del ser humano de iluminar con la razón el reino de lo natural.Ya no es el mismo más allá de los antiguos, donde el miedo a ser devorados por bestias marinas les acompañaba durante toda la travesía. Es un más allá que en la actualidad le  atravesamos con GPS, sistemas de seguridad, teléfono satelital, veleros   de los que sólo se ven en revistas y en la vida jamás tendremos.






 Probablemente uno de los encantos del mar, es que a pesar del desarrollo tecnológico de la actualidad, no se deja domesticar por el hombre, se reserva lo inesperado que no pudo calcular el hombre del tiempo, el iceberg que no vio el "Titanic" y más reciente mente  la roca del "Costa Concordia" en el mediterráneo. La travesía del Atlántico es una travesía mayor, con dosis de aventura,  con tecnología que debe funcionar, con jarcias que deben estar bien, con sistemas de timón fiables, con estructuras de embarcaciones fiables.
La travesía del Atlántico de alguna manera recupera algo de los inicios que quedo enterrado con la maquina de vapor:   la relación del hombre con el mar de una manera casi desnuda, sin tecnología que medie. El mar y el hombre..! quizás porque la vida empezó en en la mar.


En este blog me gustaría recopilar información sobre esta travesía y si bien la información de los grandes aventureros y marinos contemporaneos me emociona y los veleros impresionantes que ves en las revistas náuticas te dejan la boca abierta, no es esta la información que más me interesa. Es la información que pueda tener aquella persona que quiera hacer la travesía o que la ha podido realizar y tiene algo que contar y aportar.

martes, 14 de diciembre de 2010

El Nombre: "La Nao Cacao"

Las palabras nombran, crean realidades, fundan....."El Gaspar de Portolà"  lleva el sello de su constructor, de sus ideales, de su deseo...  De esta herencia que antecedió a la construción del velero, nos quedamos con el espíritu renacentista y constructor de quien hizo realidad la existencia de esta embarcación, de ahí que, a afectos legales, y sólo legales, se continuará llamando el "el Gaspar de Portolà".  Nuestro sueño de atravesar el Atlántico poco de legal tiene... responde más a un sueño, a un ideal loco y al deseo de provocar encuentros con eso que justamente no se deja domesticar y se resiste al símbolo, igual que la mar se resiste a la tecnología.  Nuestra travesía la queremos iluminar no desde el empuje renacentista del  inventor y constructor del barco, donde la exaltación de la razón, la lógica, la técnica es lo fundamental... Nuestra travesía la queremos orientar desde un nuevo nombre que nos represente y en el que nos reconozcamo: "LA NAO CACAO".

Nao es nave en castellano antiguo, nuestra lengua materna. Homofónicamente Nao  suena  a Nau,  nave en Catalán. En  el marco de este continente lingüístico se volvió  acto  la navegació para Ricardo, para Gabriel y para mí .


Ricardo Coral

Nao habla de Ricardo y su amor por la historia, por el pasado histórico donde él sabe buscar y encuentra las relaciones que en parte explican  muchos de nuestros males sociales contemporáneos.... Ricardo es un lector de la realidad que no se conforma, que no retrocede, es puro entusiasmo. Sus películas reflejan parte de su concepción de la vida, pero no tanto como una buena conversación con él donde las risas y los sueños siempre son telón de fondo



Mao Gutiérrez
Cacao me vincula con el amor... Si bien mis estudios de secundaria los realicé en la zona cafetera de Colombia, siempre me gustó más el chocolate y más aquel que  me servía mí madre (caliente y con queso) en las tardes después de haber estado "callejeando toda la tarde", en palabras de mi madre. Caíto fue el diminutivo de otra navegante de la palabra y el buen decir que ahora surca  la eternidad.

"La Nao Cacao" nombra algo de lo innombrable de nosotros mismos y habla de esto.

Gabriel Maugeri
Gabriel es un expedicionario de las profundidades humanas  que tiene la virtud de acercarnos con sus canciones a esos territorios oscuros y opacos de nuestros amores y desamores, de lo trágico, de lo cómico, de lo absurdo, de la cotidianidad de la vida... Su música y su poética ilumina y bordea aquello que se resiste al símbolo y sólo se nos hace legible cuando nos lo traduce en forma de música. Él será quien cantará la travesía de ese volver a América.

jueves, 6 de agosto de 2009

Humberto el Holandés Errante



Conocí a finales de Julio a Humberto, un Holandés que le dio la vuelta al mundo en 9 años. Zarpo de calafell con el cambio del milenio y ahora esta de regreso. Tiene a sus espaldas muchísimas millas náuticas, el atlántico, el pacifico, la polinesia, el mar rojo, el mediterráneo, historias miles de encuentros y desencuentros, de piratas y autoridades...le acompaño en su viaje una princesa canina , su perra Toa que adopto en Nueva caledonia, justo hace 4 ó 5 años que es el tiempo transcurrido desde que le estoy siguiendo la pista; desde esta isla en el pacifico sur me contesto un email animándome en mí sueño oceánico, y cuatro años más tarde le conozco en persona....




Cuando le escribí este email, lo de navegar apenas era un sueño lejano que a día de hoy ya lleva un recorrido y ha tomado forma; yo iba de patrón con el Gaspar de portolá, despidiéndome de este velerito de contrachapado marino que joan vendió y había gestionado durante 6 meses y Humberto con su velero, el Calafell, cerrando, terminando su vuelta al mundo.




Me hablo de Colombia, me dijo que fue uno de su lugares preferidos, a mí pregunta de las posibilidades de cruzar el atlántico me contesto su viabilidad y se ofreció a darme la ayuda que necesitará....Llevaba apenas 4 días en puerto y hablaba y hablaba y no paraba, dijo que si le cansábamos de tanto hablar le disculpáramos, yo apenas podía pestañar maravillado de escucharle y me hubiese quedado otros nueve años escuchando los detalles de su viaje. Conocer en persona un navegante que parece más de principios del siglo pasado, instalado ahora en el 2009, en una realidad globalizada y al alcance de todos por Internet... me dejo perplejo...!



Nos invito a subir ( a Camila y Héctor ) en su embarcación, compartimos un rato agradable y nos regalo algunas perlas de sus historias que no ha publicado en su web www.nuriadevilanova.com. Un Hombre cercano, de trato fácil y con mucha humildad..



Seres como Humberto son de la familia de Zorba el griego, de lucho Herrera subiendo el Tourmalet en el tour de france con gestas épicas y el perico Delgado a su rueda, de Socrates el filosofo y también el futbolista brasilero de la década de los 80, que hizo de la gambeta un poema, de Freud y Lacan que se adentraron en lo inconciente llevando como antorcha las logociencias, de mí amigo Gabriel soñador y quijote de la música y Ricardo coral del cine, de Camila mí compañera que tanto quiero, pues tiene la virtud de oler la belleza .... de jairo mí hermano y Alfonso mí padre que navegaron y cruzaron el atlántico y de Claudia que volaba alto, más alto, y era experta en jugar a las escondidas con las palabras bien dichas y bien escritas y cuando las palabras le coqueteaban, ella se dejaba ver. A Todos ellos y ellas sin duda se los hubiese presentado y la historia de Humberto les hubiese maravillado tanto como a mí.

domingo, 26 de julio de 2009

Despedida del Gaspar de Portolá

Han pasado 6 meses desde que Joan me ofreció el Gaspar de Portolá, para que se lo gestionara y lo utilizará....el velero ha vuelto a revivir: Hemos hecho regatas con él, llegando siempre de los últimos, pero cada día más cerca de la estela de la flota, hemos aprendido a trimar mejor, a optimizar las posibilidades de las velas y la embarcación para hacer la navegación más placentera. Hemos realizado una travesía a la costa brava, con bastante mar,viento y frió que puso a prueba la embarcación y a la tripulación.
El Gaspar se ha vendido tiene un nuevo propietario,inicia un nuevo recorrido en manos de un joven amador lleno de ilusiones y planes grandes para para este velero autoconstruido, se cierran diez años de joan su constructor, que durante este tiempo organizo sus días en función de hacer navegable la embarcación. Se cierran para mí seis meses de patrón y responsable de lo que podría llamar "mí primera embarcación".......pero el Gaspar no se ha ido sin más, ha dejado a Héctor, que le dedico muchas horas de trabajo en la puesta a punto de la embarcación y con quien estoy seguro realizaré largas travesías. También a Inma, Edu y jauma quienes también disfrutaron del Gaspar y con quien nos quedan muchas millas por navegar....El Gaspar lo despediremos con una travesía hacia el sur,hacia Tarragona. Tenemos una semana para ir y volver y como no, volver a empezar con una nueva embarcación, un nuevo velero que me acerque cada ves más a cruzar el atlántico.... Mi deseo de navegar no se fue con el Gaspar de Portola, es más fuerte, más visible, más realizable, empuja con fuerza y de sólo pensarlo se me corta la respiración y me entras ganas de vivir como Zorba el Griego...

lunes, 30 de marzo de 2009

Aniversario

El renacimiento trajo a escena ese saber ya sabido de los clásicos opacado por siglos de escolástica. Fue la antesala de la modernidad y con esta el desarrollo de la ciencia. Cuando Joan, ese hombre que parece del renacimiento, me llamo pasados unos días de mí aniversario y me ofreció gestionar el "Gaspar de Portolá" no me tomo por sorpresa, pero sí me sorprendió..En mí horizonte estaba una embarcación, y si bien pensaba que la primera sería de compra, nunca pensé que esta primera fuese de préstamo.... Y esta es la sorpresa: !Verme con las laves de una embarcación....¡ Llevo años recorriendo pantalanes, viendo atracar y zarpar veleros, mis paseos en bici siempre terminan en el puerto, mis ensoñaciones diurnas y nocturnas son a son de mar...en un velero regresando a Colombia; donde quizás nunca regrese a vivir, pues hace tiempo estoy viviendo, muy vivificado, y navegar me lo recuerda. La travesía que realizo con este impulso de navegar en su estela teje ya una historia y me hago cargo de esta. Es mí síntoma. El "Gaspar de Portolá" entra en escena en mí vida y por metonimia pienso en Joan y en el renacimiento, en su irrupción en la historia de la humanidad y el curso que esta toma a partir de este punto de inflexión histórico. "Tener un barco" en mí vida es mí renacimiento y me hace cargo de este deseo ya sabido y forjado una generación anterior y espero abra nuevas singlaturas que no me dejen zozobrar en el día a día de esta post modernidad capitalista, que es como un océano de objetos a consumir donde el sujeto se diluye, naufraga, se pierde, se desorienta y me permita trazar nuevos rumbos, con brisas portantes en la medida de lo posible, y en unos años ver el trazado, el recorrido...... Podré estrenar por fin el libro de bitácora que me regalo Claudia hace tres años para mí cumple años.

sábado, 6 de octubre de 2007

Extraño

El deseo de navegar poco apoco esta cogiendo forma, se esta transformando en una realidad, lo silencioso del deseo año a año se va nombrando y me va permitiendo visualizarlo y mirar la parábola que va dibujando, que voy dibujando. Hacerme cargo de este empuje hacia el mar a veces me hace pensar en el limite entre lo mortífero del síntoma y lo que de él se anuda en lo simbólico; en una infancia donde el cuerpo alojaba el síntoma silencioso que poco a poco a dialectizado y si bien es mortífero, pasa hoy por otros derroteros que no es el cuerpo golpeado.
Navegar es seguro, pero esta en el limite de las fuerzas de la leyes de lo natural, del viento, del las olas, de las mareas, y en este limite no te entregas del todo a la muerte, dependes de una cascara de nuez flotando que es un velero en el mar. Allí pareciese que lo que te conecta con la vida no es el vínculo social, o por lo menos lo dejas entre paréntesis, y mientras regresas al puerto sólo escuchas el sonido del viento en las velas, del mar y te fías del calculo que de un GPS y de una carta de navegación y es cuando el saber de lo simbólico se vuelve operativo y útil. La única preocupación importante es no perder el rumbo, zozobrar o hundirse y entonces el puerto se convierte en la antesala de la vida, en una sala de partos náutica. Ya en el puerto el Eros y el tanatus se entremezclan y tejen las historias de los humanos. En el mar todo lo de tierra se vuelve relativo y la neurosis sólo piensa en Eros haciendo que lo que hasta ese momento te parece crucial se vacíe de significado y el tiempo deja de tener un valor crónlogico a tener un valor lógico: el tiempo del mar, el tiempo que te suponga llegar.
Es navegando donde más he experimentado un sentimiento gigante de fragilidad, de poca cosa, de organismo vivo sin más..... Quizás es en el vinculo social donde el Eros le gana la partida al tanatus, pero esta ganancia se hace vital con el amor que te vincula al otro. El amor por mí padre, mí hermano y por Claudia ya no están del lado del puerto, ahora están del lado del mar, un poco más allá de los limites de lo domesticable, donde el silencio no dice, no habita palabras mudas....donde sólo hay agua y las marcaciones de la sonda se pierden en la profundidad. Navegar me permite pasear por el gran Jardin de la muerte, rozar el reino de lo natural con el casco de un velero, y mandar al mar un cabo desde este lado de la palabra allí donde no ilumina su poder fundacional , con la seguridad que mis muertos juguetearán con el y me acompañarán en la travesía, no para protegerme y librarme de un naufragio, si no para recordarme que la única posibilidad de vivir dignamente es hacerlo bajo los designios de mí propio deseo que me vivífica y también me mata.